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  1. CAPÍTULO 33 - REPETIR LOS PATRONES QUE SE HAN VIVIDO - LO QUE NO ES APROPIADO - Este es el capítulo 33 de un total de 200 –que se irán publicando- que forman parte del libro RELACIONES DE PAREJA: TODO LO QUE NO NOS HAN ENSEÑADO Y CONVIENE SABER. Los psicólogos descubren frecuentemente que tras un patrón o norma de conducta que se repite a menudo en una persona están la educación o las vivencias de la infancia. Parece ser que se repite un modelo que se vivió o se aprendió en esa época y, lo que es peor, que no se actualiza y por eso se sigue repitiendo y repitiendo. Y en algunos casos eso puede ser grave, porque una mujer puede estar buscando –inconscientemente- alguien que sea como su padre, por ejemplo, y le atraerán los hombres que se parezcan a él físicamente o en su forma de ser o carácter. Este es un conflicto que se arrastra sin saberlo y que tiene una cierta relación, aunque sea rozándolo, con el complejo de Edipo. Ya que no se pudo casar con su propio padre, se conforma con emparejarse con alguien que se le parezca. Si le gustaba el físico o el carácter de su padre y además encuentra alguien parecido con quien es feliz, estupendo. Dos pájaros de un tiro. La complicación comienza si no lo encuentra y va descartando hombres interesantes, muy buenos, pero… -a todos les encontrarán un pero, por supuesto- no son como su padre. Instaura una competición en la que enfrenta al hombre que ha conocido con el padre, y el que no esté a la misma altura de él –con el agravante de que tal vez tenga a su padre demasiado idealizado, y que haga lo que haga nunca va a ser como su padre…- se queda sin posibilidades. Esto también es una excusa que utilizan algunas mujeres, sin darse cuenta, cuando no se quieren comprometer en una relación: acallan su conciencia con eso de que lo están intentando –y lo único que intentan de verdad es ponerle todas las zancadillas posibles al otro-, pero… no están a la altura. O sea, que no son su padre. Hay otro riesgo añadido en eso de buscar patrones que se han vivido –y hay que recordar que todo esto funciona de un modo inconsciente-, y es cuando se tuvo o se tiene un padre que maltrataba a su madre o la maltrataba a ella misma. Como eso es lo que vio en casa, puede llegar a parecerle que eso es lo normal, ya que es lo que siempre ha visto y nadie le ha explicado que eso es anormal. Y lo mismo que aprende de su madre las labores de la casa, aprende que tiene que tener una pareja que la maltrate, y aprende que tiene que ser sumisa y no llevarle la contraria, y aprende que muchas cosas tiene que hacerlas a escondidas, sin que él se entere, y aprende que la relación de pareja es desagradable y no tiene casi ningún aliciente positivo. Así que buscará alguien que la maltrate o que la haga infeliz. La vida de cada persona requiere una atención especial, porque se deja en demasiadas ocasiones su gobierno en manos de lo inconsciente, y en muchas ocasiones son los mandatos que se reciben durante la infancia - y que no se han verificado para ver si se está de acuerdo con ellos o se está en contra-, quienes deciden por su cuenta, sin consultar a la persona, lo que se va a hacer o no, y cuáles son las normas y principios por los que conducirse. Normas y principios que son heredados de los educadores, y que no tienen por qué coincidir con los propios. Cuando se vaya a seleccionar la persona con la que se pretende pasar el resto de la vida es imprescindible ser muy cuidadoso y estar muy atento a todos los detalles. Si ya se ha pasado por una ruptura, estará muy bien revisar con atención cuáles fueron los detalles verdaderos que hundieron la relación, cómo era la otra parte, qué fue lo atractivo, qué fue lo que hizo que todo terminara, y todas las observaciones que puedan aportar conocimiento y previsión. Y tenerlo en cuenta antes de comenzar la siguiente ocasión. Francisco de Sales (Si le interesa ver los capítulos anteriores, están publicados aquí: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php/board,89.0.html)
  2. COLABORAR EN LA FELICIDAD DE LOS OTROSvideo:https://www.youtube.com/watch?v=xbUUy1rCqyYEn mi opinión, todos tenemos la obligación -moral o humana- de colaborar en la felicidad de los otros, ayudándoles en la medida de lo posible –y haciendo también un poco de lo imposible- para que sus vidas tengan algo más calidad, algo o mucho más de comodidad, y tenga más motivos para poder ser calificada como placentera.Si le ha gustado este video ayúdeme a difundirlo compartiéndolo. Gracias.Todos los videos están publicados aquí:https://www.youtube.com/channel/UCUNE...Encontrará artículos de Francisco de Sales en: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php?action...)Si lo desea, visite mi web: www.(Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)Si desea recibir a diario las últimas publicaciones, suscríbase aquí:(Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php?page=59Web con poesías y relatos:www.franciscodesales.esinstagram: https://www.instagram.com/franciscode...Twitter: https://twitter.com/buscandomeweb1Correo electrónico: [email protected]
  3. CAPÍTULO 32 - ABANDONARSE - LO QUE NO ES APROPIADO - Este es el capítulo 32 de un total de 200 –que se irán publicando- que forman parte del libro RELACIONES DE PAREJA: TODO LO QUE NO NOS HAN ENSEÑADO Y CONVIENE SABER. Con la confirmación y aceptación del compromiso por ambas partes de emparejarse no termina ninguna etapa. No se ha llegado a una meta. No se puede parar y descansar. Justo se acaba de empezar. Hasta ese momento ambos han mostrado sus mejores galas, sus mejores facetas, todo su romanticismo, su simpatía y sus dones. O sea, lo mejor de sí, ya que casi todo se acepta como lícito durante el cortejo para enamorar. Todo, menos las mentiras. Todo, menos fingir falseando o engañar directamente, menos simular o disimular, menos ocultar o callar algo grave deliberadamente. A lo largo del noviazgo ambos están pasando por unos momentos tan atrayentes, tan sensibles y emocionantes, tan bellos, que han pensado que si estuvieran siempre juntos podrían alargar esa maravilla hasta el infinito, y podrían disfrutar cada instante de cada día de la magia que han creado, de ese Paraíso en la Tierra que han establecido, y por eso dejarán sus familias y sus hogares y vivirán juntos. Ahí y entonces empieza lo duro y lo difícil. Si ambos han sido sinceros, tan sinceros como se supone, y han mostrado sus realidades y sus auténticas intenciones, sólo queda disfrutar, disfrutar, disfrutar. Y ser felices, ser felices, ser felices. Pero… -siempre hay un pero- hay una maldición flotando por ahí, formulada por la Bruja Envidiosa, que hace que al formalizarse una relación, vaya surtiendo efecto poco a poco. Entonces se empiezan a descuidar un poco ambos, se relajan las buenas costumbres que imperaban, se empiezan a restringir las sonrisas y las palabras cariñosas, y aparece una especie de letargo de cuento donde va desapareciendo el color rosa vivo por la llegada, lenta pero imparable, de un rosa pálido con tonos grisáceos. Es como si uno o ambos dijeran sin decirlo “ya tengo al otro seguro, ya no es necesario esforzarse más. Ya he hecho todo lo que había que hacer. Ahora, a vivir de las rentas”. Quien acepta lo anterior, acepta expresamente un inexorable declive para su relación. Amor que no se alimenta, amor que muere. No hay que abandonar el tiempo de la conquista. Ni abandonarse. Hay que seguir seduciendo y conquistando cada día; en realidad, cada instante de cada día. Y no solamente cada instante que se pasa con el otro, sino incluso cuando no están juntos, que entonces es el momento de pensar en qué hacer que le pueda demostrar lo que se le adora -adorar es amar en su grado más intenso-, qué le puede ilusionar, qué le sorprendería gratamente, de cuántos modos distintos se le puede confirmar que se le ama, qué hacer, qué decir y cómo para que quede demostrado el amor. Jamás se debería acabar la etapa de la seducción, en ningún momento habría que ralentizar la conquista, bajo ningún concepto permitir que el frío o la rutina afecten a la pasión, y aunque envejezcan los cuerpos y la salud vaya abandonando a los amados, que no se abandonen, ni ellos a sí mismos, ni a la relación. Cuidar la relación. Cuidarse entre ambos. Mucho amor. Y mucho cuidado. Esa es la clave para que dure y aporte felicidad. Francisco de Sales (Si le interesa ver los capítulos anteriores, están publicados aquí: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php/board,89.0.html)
  4. ¿HAY QUE OLVIDAR LO QUE NOS HIZO DAÑO? En mi opinión, ese eterno debate acerca de si hay que olvidar o no los errores que hemos tenido a lo largo de nuestra vida –que no son errores sino simplemente experiencias que no dieron el resultado apetecido-, o si hay que olvidar aquello que nos hizo daño, a quien nos hizo el daño, las traiciones, las decisiones que fueron –o parecieron ser- equivocadas… o sea, todo aquello que nos dolió o nos hizo sentir mal, es un asunto que se puede resolver pronto y bien. Creo que no hay que olvidar el hecho histórico en sí, lo que realmente pasó, lo que es innegable y cierto, pero lo que sí se puede hacer –y considero necesario hacer- es olvidar todo lo que asociamos a aquello y que nos lleva a auto-castigos, auto-reproches, a la rabia, al sufrimiento, a la frustración. O sea, todo lo negativo que hayamos guardado archivado junto al hecho. Está bien recordar que aquello no gustó o no se quiere volver a tolerar nuevamente, o lo que sí o no se va a hacer la próxima vez que se presente algo similar, o lo que se va a afrontar de otro modo distinto. Hay que hacerlo de un modo sereno, desapasionado, viéndolo como lo que realmente es: algo que sucedió, algo que ya le pertenece al pasado, algo que no se pude modificar por mucho que eso sea lo que uno desea. No se puede volver atrás, eso lo tenemos claro. Así que es mejor aceptar esto y sin rabia, y no quedarse enganchado en una pelea mental ya muy antigua llena de auto-reproches: “me da mucha rabia haber permitido aquello…”, “si volviera a estar allí…”, “tenía que haberlo hecho de otro modo...” Hacemos de aquello un bucle y lo repetimos machaconamente, sin restarle la rabia sino añadiéndole más incluso. Persistimos en el dolor y lo mantenemos vivo como un modo de auto-castigarnos. Insistimos en el dolor pensando que al mantener viva la furia rabiosa no se nos olvidará la lección. Mi opinión es muy distinta y se podría resumir así: “Nos costaría menos olvidar las cosas desagradables si no insistiésemos tanto en recordarlas”. Lo pasado pertenece al pasado y es el sitio natural donde tiene que estar. Para hacer las cosas bien, al detectar eso que hemos hecho y no nos agrada, el siguiente paso es reconocerlo, aceptarlo, responsabilizarnos, y decidir conscientemente cómo queremos actuar a partir de ese momento en situaciones similares. O sea… extraer la enseñanza que todo acto y situación conllevan, aprender la lección a conciencia pero desde la objetividad y serenidad, de forma que se convierta en una experiencia que no necesita repetirse porque ya se ha aprendido. Hay que aceptarlo con naturalidad, porque es natural no acertar siempre con las situaciones que no hemos experimentado antes y que no sabemos cómo son. Sólo de ese modo, si se hace sin acritud y sin añadir resentimiento, podremos avanzar en nuestro aprendizaje. Si conseguimos que eso pase a formar parte de nosotros ya no hace falta darle más vueltas. Ya está integrado. Ya está aprendido. Y el recuerdo de aquello… que se quede si quiere. No importa siempre que no se mantenga con la intención de seguir haciendo daño. La vida es un continuo aprendizaje y siempre somos novatos. Perdonarse es una hermosa demostración de Amor Propio. Te dejo con tus reflexiones… Francisco de Sales Si desea recibir a diario las últimas publicaciones, suscríbase aquí: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php?page=59 Si le ha gustado este artículo ayúdeme a difundirlo compartiéndolo: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php?action=forum Aquí tienes todos los videos publicados en youtube: https://www.youtube.com/channel/UCUNE-EC7eiOQDJ2q_U4lqEQ/videos?disable_polymer=1
  5. CAPÍTULO 31 - NO PEDIR CLARA Y DIRECTAMENTE LO QUE SE NECESITA - LO QUE NO ES APROPIADO - Este es el capítulo 31 de un total de 200 –que se irán publicando- que forman parte del libro RELACIONES DE PAREJA: TODO LO QUE NO NOS HAN ENSEÑADO Y CONVIENE SABER. Ya sabemos que no es conveniente dejar que el otro adivine lo que uno piensa, y que es mucho más acertado solicitarlo clara y directamente para que no quede la menor duda de lo que se pide. Pero no siempre se hace así. Lo que no se debe hacer es culpabilizar al otro por no ser adivino, ni por no haber supuesto o previsto lo que bulle en nuestro interior pero no ha sido manifestado, ni reñirle por no hacer lo que no le hemos dicho que queremos que haga. En una relación se presupone la confianza suficiente como para poder expresarse libremente. No tiene sentido que no exista una complicidad y una relación impecable entre dos que comparten toda su vida. No hay mayor entrega que esa de compartir con el otro la única vida que uno va a vivir, así que la transparencia ha de ser primordial, la confianza absoluta, el camino que recorran absolutamente llano y sin recovecos, que una excelente y sincera cooperación sea la base de todo, y que el deseo generoso de lo mejor para el otro sea uno de los objetivos principales en su vida. Por parte de ambos. Con estas premisas, lo correcto es que se pidan las cosas con claridad, se muestren los sentimientos con naturalidad, se expresen sin miedo las ilusiones y los deseos, y sin tapujos las dudas o los inconvenientes que van apareciendo. Nada de querer expresarse con silencios o con indirectas. Nada de dejar que el otro adivine y que además adivine bien. Nada de presuponer lo que el otro hará porque es lo que uno mismo haría. Diálogo. Diálogo. Diálogo. O sea, pedir clara y directamente lo que se necesita. Hay un modo en que se tienen más posibilidades de ser escuchado, y es hablar en primera persona. Es mejor decir “Yo necesito que me ayudes” en lugar de “Tú nunca me ayudas”. Es mejor pedir en vez de regañar. Lo que se pretende obtener se logrará mejor de este modo. Francisco de Sales (Si le interesa ver los capítulos anteriores, están publicados aquí: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php/board,89.0.html)
  6. CAPÍTULO 30 - NO PEDIR PERDÓN - LO QUE NO ES APROPIADO - Este es el capítulo 30 de un total de 200 –que se irán publicando- que forman parte del libro RELACIONES DE PAREJA: TODO LO QUE NO NOS HAN ENSEÑADO Y CONVIENE SABER. El orgullo siempre ha sido un entrometido en las relaciones de pareja, y cada vez que se presenta pone un abismo entre ambos y les separa un poco más. Así que conociendo su talante, y el resultado aciago de su presencia, conviene estar alerta y vacunados para que cuando se presente sea repelido inmediatamente antes de que produzca su dañino efecto. No debiera aparecer, pero aparece. Su presencia eclipsa el amor, apaga la pasión y enfría los sentimientos. Ese orgullo injusto –e innecesario- que casi todas las personas guardan en su interior, y esa arrogancia errónea del ego que se manifiesta sin necesidad, crean interferencias en la comunicación y, casi sin que uno se dé cuenta, provoca una confrontación donde el origen de la situación acaba siendo olvidado porque se convierte en algo inapreciable ya que, al final, lo único que apetece es defender un orgullo inciertamente lastimado. Orgullo que es mejor reservar para otra cosa y no para lo relacionado con el buen funcionamiento de la relación. A fin de cuentas… ¿Qué es el orgullo? No es más que la defensa vanidosa de un ego que se siente herido pero enarbolada de una forma inadecuada y desmedida. Y es un asunto del ego, de él, no de la persona; es algo en lo que uno, en realidad, no tiene nada que ver. Uno es el amor y el que ama. El ego es el tonto que se ofende por nada. Y uno, y su pareja, acaban siendo los notables perjudicados de un asunto que se hubiera resuelto mucho mejor con una sonrisa y un diálogo cordial que con el enfrentamiento innecesario y perjudicial. Una de las recomendaciones acertadas que se hacen acerca de las relaciones es que nunca hay que dormirse estando enfadado con la pareja. Y es cierto. No hay que permitir que las cosas nimias y las tonterías que se han engrandecido hasta sacarlas de quicio le separen a uno de la persona -también las personas que no son la pareja- a las que realmente ama y realmente son importantes. En cuanto uno de los dos se da cuenta de haber cometido una injusticia o una incorrección, inmediatamente, sin demora, se ha de poner remedio pidiendo comprensión –otros lo llaman perdón- y ofreciendo disculpas, sin permitir que el orgullo –ese ego idiota y resentido - haga acto de presencia y empiece a menoscabar la relación. Y si no se hace así, el otro, la relación, y uno mismo, serán los perjudicados directo. Hay que comprender que la realidad es que uno no está mal con el otro, sino consigo mismo, y poner la culpa o la responsabilidad fuera de sí no es más que una excusa para no querer admitir quién es el verdadero culpable. No cuesta tanto pedir comprensión-perdón, aunque, por supuesto hay que pedirlo sinceramente porque si no es así pierde su esencia. Es cuestión de encargarle el asunto al corazón. Pedir perdón-comprensión, cuando se sabe que se ha de hacer, es una hermosa y clarísima manifestación de amor. Francisco de Sales (Si le interesa ver los capítulos anteriores, están publicados aquí: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php/board,89.0.html)
  7. ¡QUÉ DIFÍCIL ES AMARSE A VECES! En mi opinión, es muy posible que hayamos expresado esta idea –con otras palabras o con estas mismas- porque es un sentimiento común que podemos vivir en algunos momentos de nuestra vida. Todos nos hemos sentido decepcionados con nosotros mismos en algunas ocasiones, esas en las que nuestros proyectos no se materializaron, en que no hemos obrado correctamente, en que hemos daño a otro, en que todo nos sale mal. No siempre asistimos conscientemente a ese monólogo interno que se produce tras cada conflicto, pero la pregunta –que es terrible- explota dentro de nosotros y resulta arrasadora… ¿cómo voy a poder amarme después de esto?, ¿cómo voy a amarme con lo que soy?, ¿cómo amarme si no me doy motivos, si no hago más que equivocarme? Y es cierto, hay mucha razón en eso de que es complicado amar a una persona que, aparentemente, no da motivos para ser amado… pero… esto no es así. No es cierto. Posiblemente, lo que es complicado de amar es lo que ha hecho esa persona, PERO LO QUE HA HECHO LA PERSONA NO ES LA PERSONA. Y si eres capaz de separarte de tus actos, de separar la persona de los hechos, te será más fácil y más deseable amarte. No eres exclusivamente tus errores. Eso son cosas accidentales, temporales, a las que no les tienes que adjudicar más valor que el de una experiencia que no dio los resultados deseados, nada más. No es necesario añadirle un drama que no tiene. No es necesario que tras cada acción fallida tenga que aparecer una retahíla de reproches, una manada de castigos, o una mala cara que asustaría a cualquier espejo. Tras cada motivo de esos que solemos usar para desamarnos sólo queda la opción de volver a empezar. Cada vez y por muchas veces que sean. Somos la única materia prima de la que disponemos así que no podemos cambiarnos por otro. Sí podemos –y debemos- ir haciendo las modificaciones necesarias que nos acerquen más a poder sentiros a gusto con nosotros, satisfechos, en paz. Cada vez hay que recuperarse de la desilusión y cada vez tener abiertos los brazos de acogernos, y cada vez puesta la sonrisa de bienvenida, el corazón mullido en el que curarse y descansar, y cada vez renacer nuevamente con todo el ímpetu y las ganas para seguir adelante de nuevo, un poco más sabios, igual de entusiasmados. Somos nosotros quienes hacemos fácil o difícil reconciliarnos de nuevo tras cada aparente fracaso. Ser muy conscientes de nuestras circunstancias y limitaciones nos ayudará a que sea más sencillo. No somos perfectos y posiblemente lleguemos a la muerte sin llegar a serlo. Y esto no es una tragedia sino la pura realidad. Aceptarlo así, admitiendo que no todo va a salir siempre como deseamos, que no en todos los casos las cosas van a ser a nuestro gusto, y reconocer que no siempre nos saldrán las cosas tal como las deseemos sin que eso sea un problema, nos ayudará a ser más realistas y a vivir las cosas con menos drama. El Amor Propio, o sea el amor a uno mismo, es un objetivo primordial para quien no lo tenga o no lo sienta. Es la base sobre la que podemos reconstruirnos con realismo. Es la fuerza que nos va a animar. Incluye el ánimo que nos va a sacar de más de un apuro. Contiene las reservas de amor que vamos a precisar en más de una ocasión. El Amor Propio somos nosotros mismos en nuestra mejor versión. Con Amor Propio no es difícil amarse. Esto sugiere que nos enamoremos de nosotros mismos y que nos amemos. A pesar de todo. Te recomiendo ver este video: Te dejo con tus reflexiones… Francisco de Sales Si desea recibir a diario las últimas publicaciones, suscríbase aquí: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php?page=59 Si le ha gustado este artículo ayúdeme a difundirlo compartiéndolo. (Más artículos en (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php?action=forum)
  8. CAPÍTULO 29 - ES UN “ERROR” NO ACEPTAR LOS PROPIOS “ERRORES” - LO QUE NO ES APROPIADO - Este es el capítulo 29 de un total de 200 –que se irán publicando- que forman parte del libro RELACIONES DE PAREJA: TODO LO QUE NO NOS HAN ENSEÑADO Y CONVIENE SABER. (En vez de decir “error” es mejor acostumbrarse a decir “decisión aparentemente no adecuada”. Porque llamamos error o equivocación a lo que aparenta ser una decisión no adecuada. Y es sólo de momento que aparenta ser una decisión no adecuada y es porque no se adecúa a lo que esperábamos. Quizás el paso del tiempo nos haga comprobar que no era, como aparentaba, un “error” o una “equivocación”) “Reconocer un error o una equivocación es una forma notable de manifestar la madurez personal”. Errar es humano. Todos –sí, digo bien: todos- nos equivocamos, y todos –sí, digo bien: todos- tenemos derecho a equivocarnos. Y no es imprescindible que cada “equivocación” requiera un castigo. Mientras menos importancia se les dé a las “equivocaciones” no intencionadas, será mejor. Con estar el tiempo suficiente para darse cuenta uno de que no quiere que vuelva a suceder eso mismo en otra ocasión similar, y se tome nota de esa decisión, ya basta. Por tanto, si uno se “equivoca”, sólo tiene que reconocer que se ha “equivocado” y no pasar nada más. Lo soluciona enmendándolo si tiene solución, pide disculpas si hay que pedirlas, y a otra cosa. Porque no es necesario regodearse en la malignidad de atacarse a sí mismo, o al otro, por lo sucedido. Si uno se da cuenta de que ha hecho o dicho algo inapropiado y se lo hace ver con naturalidad a su pareja, con todo el cariño y comprensión entenderá que es algo que puede pasar y no requiere más insistencia. Algo que le puede pasar también a sí mismo. Lo menos bueno sucede cuando uno de los dos, en vez de reconocerlo sin más, se empeña en negarlo o esconderlo, o en culpabilizar a algo o alguien ajeno. No es adecuado que cuando el otro comete un “error” y lo reconoce, le ataquemos por ello y le hagamos sentir culpabilidad, con lo cual lo único que conseguimos es que en la próxima ocasión que tenga un “error” trate de ocultarlo del mejor modo posible, o lo niegue rotundamente, o busque otro culpable, aunque no lo sea, para que pague las culpas. En cualquiera de los casos, lo que se consigue es minar la relación, crear un ambiente de enemistad y desconfianza, y desequilibrar la armonía, “Sí, he cometido un “error”. Y trataré de que no vuelva a suceder.” Mea culpa. Errare humanum est. Y nada más. Sonrisa cómplice, mirada de inocente, beso de punto final, y abrazo de humano a humano. Y a otra cosa. Francisco de Sales (Si le interesa ver los capítulos anteriores, están publicados aquí: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php/board,89.0.html)
  9. CAPÍTULO 28 - SER INFLEXIBLE - LO QUE NO ES APROPIADO - Este es el capítulo 28 de un total de 200 –que se irán publicando- que forman parte del libro RELACIONES DE PAREJA: TODO LO QUE NO NOS HAN ENSEÑADO Y CONVIENE SABER. “El objetivo en los desacuerdos no es tener razón, sino llegar a un entendimiento o a la solución”. Aunque es necesario ser irreductible en algunos casos, es beneficioso saber ser flexible en otros. Hay ocasiones en las que no se puede ser tolerante, bien por la gravedad del asunto, o bien porque es necesaria una demostración práctica para el otro de que hay límites que no se deben franquear, pero, en general, conviene ser ligeramente flexible, un poquito tolerante –para eso la mujer puede tener una sensibilidad y habilidad especiales- y saber cuándo se tiene que ceder un poco sin que ello merme la autoridad ni los derechos, y sin que por ello el otro crea que una se ha debilitado. Una rigurosidad absoluta, junto a una seriedad autoritaria, puede crear un frío de desconocidos en la relación y un distanciamiento innecesario entre ambos. Puede hacer que él vaya dejando de ver a la mujer de la que se enamoró y en su lugar vea un sargento rudo o un dictador intransigente. A veces, puede interesar ser un poco menos rígida, un poco menos intolerante, un poco menos rigurosa, y ser un poco condescendiente, para que el otro vea que, sin dejar de manifestar una actitud de firmeza, ni abandonar una posición, también se está abierta a la posibilidad de diálogo y negociación, y que no está todo perdido. No es necesario ponérselo muy difícil, rayando lo imposible, porque el otro podría rendirse y retirarse, dejar de intentar un acercamiento y una solución, y entonces sí que estaría todo perdido. Hay una frase que pregunta: “¿Prefieres tener razón o ser feliz?”. La respuesta es interesante y clarificadora. Quien responda “tener razón” está bastante abocado a ir quedándose solo o sola en todos los aspectos, porque la defensa a ultranza de una idea o de unos principios tiene un precio, y ese precio puede ser que el otro se marche por no aguantar a una persona tan obstinada que antepone el orgullo de tener razón a la felicidad. Y esta situación se da en ambos sexos. Quien responda “ser feliz”, parece que es más sensato, más realista, y con la elección de esta respuesta tiene más opciones de serlo. Sobre este asunto conviene reflexionar y tener clara la decisión. Digo esto porque, por lo general, cuando uno se obstina en tener razón por encima de ser feliz es porque en ese momento no es dueño de su voluntad, amorosa y razonadora, y está en las manos inconscientes de la vanidad o del orgulloso ego, y puede llegar a hacer o decir cosas de las que más adelante se arrepentirá. Puede hacer daño al otro y a la relación, o sea, a sí misma. Y todo por una cabezonería que no aporta nada más que una pequeña satisfacción al ego, ese pequeño pero detestable enemigo de la relación. Tal vez es buena opción ser flexible, como el bambú, y sobrevivir a los huracanes. Francisco de Sales (Si le interesa ver los capítulos anteriores, están publicados aquí: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php/board,89.0.html)
  10. CAPÍTULO 27 - PROSTITUIRSE - LO QUE NO ES APROPIADO - Este es el capítulo 27 de un total de 200 –que se irán publicando- que forman parte del libro RELACIONES DE PAREJA: TODO LO QUE NO NOS HAN ENSEÑADO Y CONVIENE SABER. Hay un tipo de chantaje al que recurren algunas mujeres, desesperadas ante la despreocupación o la inoperancia del otro, que usan cuando ya han intentado otras opciones que han dado resultados infructuosos, que consiste en utilizar la sexualidad como arma de negociación. Comienza con la oferta de actividad sexual a cambio de algo que lleva una condición: “Tendré sexo contigo si…”. Es un poco lamentable. O dirán “no haré el amor contigo hasta que tú…” y esta fórmula es más lamentable aún en su enunciado, porque lo que está ofreciendo a cambio de que acceda a realizar algo no es “hacer el amor” –en el sentido romántico y afectuoso que se le adjudica habitualmente-, sino una contraprestación sexual a cambio de algo. La realidad es que se convierte en un cambalache interesado: un intercambio de sexo por otra cosa. Suena fatal, pero es una prostitución encubierta o denominada de otro modo. Así es. Prostituta es la persona que ofrece sexo a cambio de dinero u otra contraprestación. Por lo general, suele ser una medida desesperada, porque previamente –se supone- se han intentado otros modos que han resultado ser ineficaces. Y es, desde la antigüedad, una fórmula que acaba siendo eficaz, aunque resulte lamentable tener que utilizarla y, en gran medida, sea indignante tener que llegar a ese extremo. En otros casos es una fórmula habitual: sólo hay sexo el día que la pareja trae el salario a casa. La práctica de la sexualidad ha de ser una entrega desinteresada y placentera y no instrumento de extorsión. Mejor encontrar otros medios para que la otra parte haga lo que le corresponde, y el día que tengan relaciones sexuales sea porque están haciendo el amor. Francisco de Sales (Si le interesa ver los capítulos anteriores, están publicados aquí: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php/board,89.0.html)
  11. CONCILIAR LO SUPERIOR Y LO HUMANOvideo:https://www.youtube.com/watch?v=b8ZocFj5XBU“Cada paso que doy hacia lo inferior –lo desconocido de mí- me capacita para ir un poco más a lo superior, y cada paso que doy hacia lo superior me capacita y me obliga a ir un poco más hacia lo inferior”. Esta frase, de un autor desconocido, refleja con claridad que cualquier Camino tiene dos direcciones: la de ida y la de vuelta, la de subir y la de bajar, la de lo Superior y la de lo Humano.Si le ha gustado este video ayúdeme a difundirlo compartiéndolo. Gracias.Todos los videos están publicados aquí:https://www.youtube.com/channel/UCUNE...Encontrará artículos de Francisco de Sales en: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php?action...)Si lo desea, visite mi web: www.(Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)Si desea recibir a diario las últimas publicaciones, suscríbase aquí:(Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php?page=59Web con poesías y relatos:www.franciscodesales.esinstagram: https://www.instagram.com/franciscode...Twitter: https://twitter.com/buscandomeweb1Correo electrónico: [email protected]
  12. CAPÍTULO 26 – NI CRITICAR, NI MENOSPRECIAR. - LO QUE NO ES APROPIADO - Este es el capítulo 26 de un total de 200 –que se irán publicando- que forman parte del libro RELACIONES DE PAREJA: TODO LO QUE NO NOS HAN ENSEÑADO Y CONVIENE SABER. Cuando se dialoga con la pareja conviene tener muy presente el amor que ambos se tienen, y ha de estar presidiendo todo el tiempo el diálogo. De no hacerlo así, se corre el riesgo de tratar a quien es la pareja como a un colega, como a un subordinado, o como alguien a quien se odia, y eso no es lo adecuado. La libertad de expresión debe estar vigente a todas horas en la relación, y cada uno ha de sentirse con absoluta libertad para expresar lo que considere oportuno sin tener que comedirse o frenarse para evitar que el otro lo pueda utilizar en su contra. Nada de recelos. Las personas, todas, tenemos hermosos sueños, malos momentos, alegrías, miedos, pesimismo, dudas, pensamientos, ilusiones, preguntas…y debemos sentir la libertad plena de poder compartirlos con la persona con quien también compartimos nuestra vida y nuestro cuerpo. Cuando escuchamos a nuestra pareja –y esto es válido en todo tipo de relaciones- tenemos que saber distinguir –y si no somos capaces de distinguirlo entonces lo preguntamos- y diferenciar si simplemente nos está exponiendo lo que le pasa, para escucharse en voz alta y tratar de aclararse, o si nos está pidiendo nuestra opinión. Y si nos pide nuestra opinión, que sea solamente eso: una opinión. No es el momento de burlarse de sus cosas, de criticarle, regañarle, menospreciarle, despreciarle, ni tampoco juzgarle, y menos aún de condenarle; no es el momento de “vengarse” y ser agresivo y ofensivo con frasecitas del estilo de “ya te lo advertí…”, “si es que siempre estás igual, no espabilas…”, “eso son tonterías tuyas…”, “¿ves como siempre te equivocas?” La mejor manera de comportarse es atender y entender, ser comprensivo y respetuoso con su estado o sus sentimientos, escucharle con empatía y con el corazón y los brazos abiertos; hablarle con amor, acogerle y acoger su estado con cariño, con discernimiento y compasión, con ternura, y, en la medida de lo posible, ser sabio a la hora de dar la opinión si se ha solicitado. Esto quiere decir que al opinar no hay que hacerlo mirando lo que a uno le interese en ese momento ni desde los propios condicionamientos, sino siendo absolutamente neutral. Y hacerlo así es una buena demostración de amor. El otro, como persona se merece todo nuestro respeto y consideración. Y, como pareja, todo nuestro apoyo, nuestra comprensión, y nuestro ánimo. ¿Criticar o menospreciar?, no. Comprender y respetar, sí. Francisco de Sales (Si le interesa ver los capítulos anteriores, están publicados aquí: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php/board,89.0.html)
  13. CAPÍTULO 25 - EL CHANTAJE EMOCIONAL Y SENTIMENTAL - LO QUE NO ES APROPIADO - Este es el capítulo 25 de un total de 200 –que se irán publicando- que forman parte del libro RELACIONES DE PAREJA: TODO LO QUE NO NOS HAN ENSEÑADO Y CONVIENE SABER. El chantaje es una actitud infantil, pero cruel, y no es, desde luego, un buen modo de promocionar una honesta relación entre iguales adultos. A nadie le hace gracia sentirse víctima de un chantaje emocional o sentimental. Hay que tener en cuenta que si en la relación se admite esta condición se está cerrando un círculo del que será imposible salir, porque si uno admite el chantaje con ello está reforzando la conducta de quien lo ejerce. Conviene comprobar si se repiten a menudo las lágrimas, las súplicas, los reproches, las amenazas directas o veladas, los silencios prolongados y la frialdad, ya que el chantaje emocional es una forma vil y poco ética, carente de la transparencia y la bondad que se le supone a la relación, y el objetivo que hay tras ello es lograr satisfacer los objetivos propios, o los caprichos, aún a costa de perjudicar gravemente al otro pisoteando sus derechos y no respetando su dignidad. Además de eso, se va creando en el chantajeado una inseguridad, ansiedad, temor a ser abandonado, miedo al rechazo generalizado, y destrucción de su autoestima. Los chantajes son del todo inaceptables. Algunas personas, en su desesperación por querer mantener una relación que parece no sostenerse por sí misma, recurren al chantaje con mensajes más o menos subliminales, o directamente acusadores que inculpan, y dicen cosas del estilo de “si me dejas… ¿qué va a ser de mí?”, con la idea de que eso le puede hacer frenar su decisión, y esto no es más que una patética forma de querer mantener a su lado a quien no quiere estarlo, o, peor aún: “si me dejas me suicido y tendrás que cargar el resto de tu vida con esa culpa”, y esto es un gravísimo cargo porque aterra la idea de que llegue a cumplir su amenaza. También puede ser viceversa y ser él quien utilice este cruel método. Con lo cual, traspasan al otro la responsabilidad de mantener viva, aparente y artificialmente, una relación que está muerta. Y al otro, o a la otra, ante la agravante amenaza, parece que no le queda más remedio que sacrificarse y seguir en una relación que no es de su agrado. El desacierto está en no querer asumir que la relación ha llegado a un punto en el cual hay que hacer profundos cambios, reflotándola, o que ha llegado a su fin y directamente hay que rescindirla. Francisco de Sales (Si le interesa ver los capítulos anteriores, están publicados aquí: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php/board,89.0.html)
  14. ¿CÓMO ESTÁ TU RELACIÓN CONTIGO? En mi opinión, un asunto tan importante como es el de la relación de uno consigo mismo no recibe la atención imprescindible que requiere. Nos instalamos en la rutina de vernos todos los días a todas las horas en todos los sitios desde hace muchos años. Y no es habitual que nos paremos un día con más tiempo y atención ante el espejo para ver quién es ese que se asoma. Si acaso reparamos en una nueva arruga o una nueva cana, pero no en el que vive dentro de ese cuerpo que vemos. La relación con nosotros mismos se vuelve rutinaria y superficial. Pocas veces nos entretenemos en una charla distendida y cariñosa en la que pasar revista a nuestras actitudes y acciones en la vida –salvo que sea para regañarnos- y muy pocas veces nos dedicamos a preguntarnos qué queremos realmente – y qué hacemos para conseguirlo-, y casi nunca nos preguntamos ¿qué tal estoy? Por supuesto que los auto-abrazos son escasos o nulos, las propias felicitaciones casi inexistentes, y nos dedicamos pocas sonrisas de complacencia y no levantamos el pulgar diciendo OK. Estamos muy ocupados, por lo visto, en atender otros asuntos que son más urgentes –pero no sé según qué criterio- o aquellos a los que les adjudicamos una importancia de las que carecen por sí mismos o aquellos que nos distraen de la realidad de las cosas que sí son importantes –nosotros, por ejemplo- o aquellos en que nos negamos la mirada y la palabra por estar enfadados –inútilmente- mientras no hacemos nada positivo y útil por arreglar la relación más importante que tendremos a lo largo de toda nuestra vida: la relación con nosotros mismos. No hay que olvidar que los otros, aunque nos provean muchos buenos momentos y satisfacciones, no son el objetivo principal de nuestra vida. Y que es absurdo tener muchos “amigos” si no somos nuestros primeros y más importantes amigos. Que las relaciones externas carecen de la importancia que tienen las relaciones internas. Que decir que uno se lleva bien con los otros mientras se lleva mal consigo mismo es una hipocresía. ¿Cómo está mi relación conmigo? es una pregunta que uno se tiene que hacer muy a menudo. Por ejemplo, tras cada situación en la que uno siente un poco de disgusto por algo que ha hecho o que no ha hecho; esas situaciones en las que uno –si es sincero- nota que hay algo que le provoca una sensación interna desagradable aunque trate de disimularla o negarla. También es muy interesante e imprescindible hacerlo una vez a la semana, por ejemplo, buscando un tiempo de intimidad, sin la interrupción de otras personas o preocupaciones, y dedicarse un tiempo a la consolidación de la relación más íntima que uno podrá tener: con ese Ser Humano en el que se ha convertido, con la inquietud interior que le reclama ser realizada, con la sabiduría que le recuerda el paso del tiempo y le propone una revisión de los planes y proyectos… con el Uno Mismo. Las cosas que uno quiere hacer necesitan ser antes un proyecto y no siempre quedar en manos del azar o de las casualidades. Desde la atalaya de los 66 años que tengo en este momento puedo garantizar que el Tiempo de los Arrepentimientos llega, y que en muchas ocasiones es implacable y cruel, y que a veces ni siquiera el mucho Amor Propio que uno se tenga es capaz de aplacar todos los gritos de dolor por lo que no se hizo, por el tiempo que se desperdició, por el derroche de una vida que podría haber sido distinta –y mejor- si se le hubiera dedicado el tiempo y la atención que requiere. O sea, si uno se hubiera parado más a menudo a preguntarse ¿QUÉ ES LO QUE REALMENTE QUIERO? y ¿CÓMO ESTÁ MI RELACIÓN CONMIGO? Si lo haces, será la mejor inversión de tu vida y serás el beneficiario directo de todo lo bueno que eso te aporte. Te dejo con tus reflexiones… Francisco de Sales Si desea recibir a diario las últimas publicaciones, suscríbase aquí: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php?page=59 Si le ha gustado este artículo ayúdeme a difundirlo compartiéndolo: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php?action=forum Aquí tiene todos los videos publicados en youtube: https://www.youtube.com/channel/UCUNE-EC7eiOQDJ2q_U4lqEQ/videos?disable_polymer=1
  15. CAPÍTULO 24 - NO PERMITIR EL CRECIMIENTO DE TU PAREJA - LO QUE NO ES APROPIADO - Este es el capítulo 24 de un total de 200 –que se irán publicando- que forman parte del libro RELACIONES DE PAREJA: TODO LO QUE NO NOS HAN ENSEÑADO Y CONVIENE SABER. Tengo una hipótesis –que es solamente una hipótesis y nada más, y que no intento defender a capa y espada-, en la que pienso que, teóricamente -repito: teóricamente-, las posibilidades de que una relación vaya realmente bien es del 1%. Y no más. Baso esa idea en lo que es más o menos habitual en una relación. Ellos se conocen cuando tienen entre 16 y 20 años. Voy a seguir con este supuesto, que no es más que un ejemplo, extremándolo un poco para que se vea más claro. A esa edad, a ella le llama la atención un chico que tenga coche –y más aún si el coche tiene unos altavoces grandes y ruidosos-, que sea simpático, por lo menos un poco atractivo –para presumir ante las amigas-, que baile más o menos bien, y que sea bueno en el sexo. A él le llama la atención una chica guapa y con buen tipo –para poder presumir delante de los amigos-, que le siga la marcha, que le diga que sí a todo, y que sea buena en el sexo. En los 2 o 3 años siguientes puede que se conformen simplemente con eso. Pero a partir de entonces, quizás ella prefiera que el chico siente cabeza y no sea tan fiestero, tenga un trabajo fijo, cambie de coche por otro menos ruidoso y más seguro, y sea formal y responsable de cara a formalizar una relación más “clásica” en la que sea posible tener un hogar común y… también hijos. A él, para entonces, tal vez lo que le interese de verdad sea otra chica nueva porque ésta la tiene muy vista y ha empezado a pedirle unos compromisos que en ese momento de su vida aún no le interesan. A los 30 –si para entonces siguen juntos-, puede que a él le interese poder salir algunos fines de semana por la noche con sus amigos de antes –y tal vez aprovechar para ver si sale algún ligue de una noche-, y dedicar los domingos por la mañana a dormir y la tarde a ir al fútbol con los amigos. Ella está más interesada en una vida hogareña, en que él la acompañe a pasear a los niños, o cuando va a casa de sus padres a comer los domingos; le interesa todo lo relacionado con criar a los hijos, y un poco los programas rosas de la televisión. A los 40 –si para entonces siguen juntos-, él sigue con los mismos intereses de los 30 –a los que habrá añadido el baloncesto, el tenis, las carreras de motos y la fórmula 1-, se comprará una moto, si puede, y querrá salir con sus amigos moteros. Ella, bastante desilusionada, seguirá adelante, pendiente de los hijos y del hogar; tal vez se plantee un poco más en serio su vida y pretenda cambiar algo; es posible que comience a tener conversaciones con gente interesada en asuntos esotéricos, y hay muchas posibilidades de que se plantee un proceso de Desarrollo Personal. Entiende que ha llegado a la mitad de su vida y en un balance sensato y ecuánime reconoce que su vida hasta ese momento tiene cosas interesantes y cosas menos interesantes, pero no está cumpliendo sus expectativas. A los 50 –si para entonces siguen juntos-, quizás él siga con los mismos intereses de los 30 y los 40. Ella, puede que entonces desee estar con un hombre con espíritu de aventura que le haga recuperar el tiempo que considera perdido, y que la lleve a conocer el mundo. A los 60 –si para entonces siguen juntos-, quizás él desee pasar el tiempo con los amigos en el parque, haciendo marquetería o viendo la televisión, y a ella le apetezca retirarse a vivir a una casa en el campo, criar gallinas y plantar verduras. Recuerde que lo que ha leído es solamente un ejemplo exagerado. Por supuesto que no siempre sucede esto. Pero suceden cosas muy parecidas. A lo largo de tantos años de convivencia, es lógico que cada uno tenga una evolución distinta. Lo extraño es que uno siga el mismo rumbo que el otro. Si ambos siguen manteniendo fortalecido el vínculo que les unió al principio, cuando el amor era constante y estaba candente, y siguen siendo miembros activos de la relación, aunque cada uno de ellos tenga los lógicos intereses personales además de los intereses comunes, la relación sigue teniendo posibilidades de mantenerse y con éxito. Es muy bueno alentar al otro miembro para que materialice sus deseos, para que cumpla sus sueños, para que se realice como persona; es bueno no criticar los sueños de la pareja, no menospreciar sus intereses, no poner obstáculos para que los cumpla, no decir que sus cosas importantes son tonterías con las que sólo pierde el tiempo, no denigrar como idioteces sus logros, y es bueno respetar, fortalecer, tolerar, admirar, comprender, alentar, dar ánimos… Es mejor permitir el crecimiento personal de tu pareja. No hay que olvidar que el otro miembro es una persona, que no es de nuestra propiedad, que tiene sus propios intereses en la vida al margen de los intereses en la pareja, que ha venido a la vida a evolucionar y a ser feliz, y que si mejora como persona –y ya visto desde un punto de vista un poco egoísta- uno se verá beneficiado de sus avances. Se dice que la pareja son tres: él, ella y lo que les une a ambos. Es conveniente que eso que integra “lo que les une a ambos” crezca. Y si uno se siente limitado en su legítimo derecho al crecimiento como persona –insisto: siempre y cuando eso no afecte a la relación con su pareja- va a empezar a sentir, consciente o inconscientemente, que esa relación le está limitando, o le está impidiendo ser él mismo, y esa sensación o esa realidad se acabará convirtiendo en un grano de arena. Esta vez, un grano más grande de lo habitual. Cuando se formaliza una relación, eso no implica algo del estilo de “tú y yo y nada más”. La vida personal de cada uno ha de seguir, y la relación es solamente un paso más y no el fin de ningún camino. Francisco de Sales (Si le interesa ver los capítulos anteriores, están publicados aquí: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php/board,89.0.html)
  16. ¿QUÉ HAGO CON TANTO DOLOR? En mi opinión, esta pregunta que me hizo una amiga se merece una respuesta que es difícil de encontrar. Todos hemos conocido o conocemos el dolor en diferentes momentos de nuestra vida y con distintas intensidades, los incomprendidos y los que tenían un origen muy determinado, los que desaparecen y se olvidan y los que mantenemos obstinadamente vivos y punzantes. El denominador común ante los momentos de dolor es el rechazo. Nadie quiere sufrir, por más que nos hagan creer que tras cada experiencia dolorosa se renace fortalecido. El dolor nos aleja del estado de bienestar por el que todos, de un modo u otro, luchamos. Por eso, cuando se presenta con toda su intensidad, con toda su capacidad de tormento, cuando es un martirio que parece imposible de soportar, lo rechazamos. Un ingrediente nocivo y que hace que sea más duradero, es el rechazo. Cuando no nos oponemos parece que se va diluyendo poco a poco. Cuando aceptamos –aunque no nos guste- su presencia, podemos tomar el camino del afrontamiento y dejarle que llegue hasta donde tenga que llegar –pero sin darle permiso para que se quede de continuidad-, preguntarle qué nos quiere decir, sentir dónde se ubica ese dolor y tratar de ponerle nombre –ego, alma, deseos, desilusión- y de este modo, al tener un origen definido, será más fácil terminar con él. Si nos permitimos vivirlo con toda la intensidad que trae en vez de huir corriendo, si lo sentimos sin querer estar en otro lado, estando del todo en ese presente tan poco agradable, nos damos la oportunidad de trascenderlo. El motivo del dolor es hacernos tomar consciencia de algo, no es gratuito. Lo que es innecesario es el sufrimiento en que llegamos a convertir el dolor natural. Negarnos a ver lo que ese dolor nos trae no sirve nada más que para aplazar algo que es necesario afrontar y resolver. El dolor no es un enemigo. Es un emisario. Y conviene hacer caso de las noticias que nos trae. Ante él podemos mostrar nuestra vulnerabilidad, ya que tenemos sentimientos y a veces nos pueden, y tenemos que manifestarle nuestra humildad, que sería mostrar nuestra disposición de alumnos ante su enseñanza. Ante él se puede sacar la humanidad que se demuestra con un llanto, con un sentimiento de pequeñez e incluso de indefensión. No hay que olvidar que el dolor es nuestra respuesta interna ante un hecho. Es nuestra voz. Hay que escucharla. Pero mejor escucharla una sola vez y con mucha atención, para que no tenga que repetirse. ¿Qué hago con tanto dolor? Vivirlo. Preguntarle ¿qué me quieres enseñar y qué tengo que aprender de esta situación? ¿Y después? Dejarlo que se vaya, no tratar de retenerlo. No estancarse en él. No aferrarse. No convertirlo en permanente. Es un toque de atención y si se acepta será consciente de haber cumplido su misión y se diluirá antes. El dolor es para entender lo que está pasando. Es para vivirlo y comprender lo que haya que comprender y no es sólo para sufrirlo. No es nada agradable, pero no hay que entenderlo y recibirlo como un enemigo cuyo objetivo es hacer un daño gratuito. El dolor al cortarnos con un cuchillo en un dedo no es un castigo por nuestra torpeza, sino un aviso para que separemos el cuchillo o el dedo. El dolor emocional tiene la misma función. Duele porque tenemos sentimientos y éstos tienen una utilidad y un sentido. Nos ponen alerta y nos hacen contactar con algo que es importante que no pase desapercibido y sí que se le preste atención. Por eso no hay que huir del dolor y es preferible no aplazarlo para afrontarlo en otro momento y sí cuando se presenta. La excepción a esta sugerencia es cuando uno está tan obnubilado con el dolor, tan descentrado, que todos los pensamientos que se presenten sean negativos o pesimistas. Ver bien y comprender requiere objetividad. Si hasta ahora no has comprendido el sentido del dolor, prueba a verlo como lo que realmente es. Te dejo con tus reflexiones… Francisco de Sales Si desea recibir a diario las últimas publicaciones, suscríbase aquí: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php?page=59 Si le ha gustado este artículo ayúdeme a difundirlo compartiéndolo: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php?action=forum Aquí tiene todos los videos publicados en youtube: https://www.youtube.com/channel/UCUNE-EC7eiOQDJ2q_U4lqEQ/videos?disable_polymer=1
  17. CAPÍTULO 23 - NO EXPRESAR CLARAMENTE LOS SENTIMIENTOS - LO QUE NO ES APROPIADO - Este es el capítulo 23 de un total de 200 –que se irán publicando- que forman parte del libro RELACIONES DE PAREJA: TODO LO QUE NO NOS HAN ENSEÑADO Y CONVIENE SABER. Muchas mujeres creen que los hombres tienen la capacidad de adivinar los gestos indescifrables de los leves movimientos de cabeza, las sílabas sueltas e inconexas, las miradas fijas o las miradas ausentes, los suspiros, los silencios… y no es cierto. Son torpes. Son básicos. Y no se quieren arriesgar a equivocarse en la interpretación porque después tendrían que “aguantar” le regañina porque no fueron capaces de entender lo que la mujer quiso decir cuando, en realidad, no dijo. “Hay mujeres que dicen que sí cuando dicen que no”. Esta frase resume perfectamente una opinión arraigada que mantienen muchos hombres. Y los hombres entienden –y les gustaría que así fuera- que cuando ellas dicen “sí” quieren decir sí, y cuando dicen “no” quieren decir no. Y no quieren entrar en un juego de malabarismos sopesando si está vez “sí” quiere decir “no”. O sí. O ni sí ni no. Y, en algunas ocasiones, aunque intuyan con mucha claridad lo que la mujer dice sin palabras, prefieren hacer como que no se enteran. Por si acaso. Por la buena marcha de la relación, es preferible claridad absoluta, de modo que sea perfectamente entendible el mensaje que tengan que manifestar. Los hombres, en general, tampoco están muy interesados en escuchar las pegas de las mujeres consigo mismas o con ellos, con la casa o con los niños, con la economía y otras cosas. Les resulta mucho más cómodo que sea ella la que resuelva. Bastante tiene ellos con sus asuntos –en su opinión- como para hacerse cargo de más. Tal vez sea inconsciente-genético-educacional, pero muchas veces creen que con aportar un salario y poco más –lo más básico e inevitable- ya han cumplido su parte, y el resto de asuntos domésticos son responsabilidad de la mujer. Los hombres que sí están implicados en que su relación sea próspera en sentimientos y amor, los que quieren que siga creciendo y están interesados en el bienestar de la pareja que está a su lado, piden, encarecidamente, mayor claridad cuando se enfrentan a los asuntos inherentes a la relación, y los que se deriven de ella. Los hombres se manejan mal con asuntos sentimentales e intuitivos. Al pan, pan, y al vino, vino. A cada sentimiento hay que llamarle por su nombre, cada solicitud hay que hacerla con transparencia, cada necesidad hay que expresarla para que pueda ser satisfecha si es posible, cada miedo hay que compartirlo para que el otro le conozca mejor a uno, cada sueño que se pueda llegar a hacer realidad tiene que ser compartido por si el otro puede colaborar, hay que decir con claridad lo que se espera, lo que se precisa, lo que pueda engrandecer sentimentalmente a ambos. Todo necesita ser expresado y con claridad. No hay que tener miedo a expresar. Cuando se dialoga, se dialoga. No se culpabiliza, no es un enfrentamiento, no hay ninguna maldad escondida. Es conveniente, por el bien de ambos y por el bien de la pareja, que todas las cosas se hablen. Las que agradan y las que son incómodas de escuchar. Si ambos son capaces de comprender que en el diálogo no hay puñales escondidos sino que la intención que prima es la de resolver, conocerse, y ayudarse, todo adquiere otro significado, se bajan las guardias, y uno se abre de entendimiento y de corazón. La relación es responsabilidad de ambos. Esto jamás hay que desestimarlo. Y hay que colaborar plenamente para que sea satisfactoria, enriquecedora, ascendente, amable, fértil, tierna, emocionante, llena de matices y rebosante de amor. Y si no es así, es una relación que no ha alcanzado su plenitud. “Pedid y se os dará”. “Hablad y se os entenderá” Francisco de Sales (Si le interesa ver los capítulos anteriores, están publicados aquí: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php/board,89.0.html)
  18. TOMA LAS DECISIONES SIN MIEDO En mi opinión, esto de tener que tomar decisiones es algo que hacemos constantemente, con cierta tranquilidad cuando son cosas simples o son repetitivas, y con muchísima precaución y miedo cuando se trata de esas otras que son nuevas e importantes. Ésta es una tarea que para muchas personas se convierte en un sufrimiento. No se puede generalizar, por supuesto, pero hay que aceptar que la mayoría de las personas no hemos sido entrenadas para hacerlo. En la infancia no alentaron nuestras iniciativas, o no valoraron nuestras soluciones, o directamente las desecharon y/o menospreciaron. Eso hace que no tengamos una base de confianza y seguridad. Si además fuimos sobreprotegidos o nos inculcaron un mandato que se llama NO PIENSES –que se forma cuando te dicen de algún modo: “tú no tomes decisiones, ya lo hago yo por ti. Tú haz lo que yo te diga”-, eso será otro inconveniente a la hora de tomar decisiones. Si por los “errores” que tuvimos a la hora de tomar algunas decisiones insistieron en recalcar o magnificar nuestra torpeza, o nos castigaron, confirmaron con ello la idea que nos estábamos haciendo de nosotros mismos de ser torpes, inútiles, y sólo ser buenos para las equivocaciones. Es esos casos también puede que se nos instalara un impulsor llamado en Análisis Transaccional INTÉNTALO… PERO NO LO CONSIGAS, que nos predispone a afrontar las cosas con la seguridad previa –una de esas auto-profecías que se cumplirán- de no conseguirlo, por lo que nuestra actitud será negativa y el esfuerzo y la atención requeridos no serán los necesarios. Además, si cada vez que no hemos acertado en una decisión nos hemos restregado nuestra incapacidad para hacerlo bien, nos hemos castigado de algún modo, o hemos atacado a nuestra maltrecha autoestima con ello, habremos creado una tensión inhóspita ante cada situación en la que tengamos que decidir, porque somos conscientes del proceso de auto-reproches que viene después. Eso va a hacer que perdamos la calma y objetividad que son necesarias para tomar buenas decisiones. Conviene saber que la mente no soporta la incertidumbre. Prefiere o necesita la seguridad, saber lo que tiene que hacer, acertar. Y decidir es renunciar a las otras opciones. Parece que la tranquilidad al decidir es más fácil cuando se trata de algo que ya se conoce (si tenemos que sumar dos más dos ya sabemos que son cuatro), o cuando una de las opciones destaca claramente sobre las otras con lo que las dudas prácticamente no se generan. En este caso sí resulta sencillo deshacerse de las respuestas que no gustan o que claramente se ve que no son válidas. Tomar decisiones con naturalidad es una cuestión de práctica que se consigue entrenando; empezando por decisiones sencillas de esas que no conllevan mucho riesgo y verificando que aunque uno se equivoque no pasa nada. NO PASA NADA, esta es la actitud conveniente. Es mejor no hacer un drama de una equivocación. No lo es. Si sucede, se tratará de reparar si se puede, se aprenderá bien lo que no se ha de repetir en otra ocasión, y se seguirá adelante sin permitir que eso afecte y que haga mella en uno. Siempre, todos los días, casi a cada momento, estamos tomando decisiones y conviene que eso lo veamos con naturalidad, y que esa naturalidad la apliquemos tanto a los aciertos como a los desaciertos. EL MIEDO A EQUIVOCARNOS LO CONDICIONA TODO. Equivocarse es una de las posibilidades al tomar una decisión y hay que aceptar previamente que la que hayamos decidido puede ser errónea. Raramente existe la seguridad absoluta de acertar. Lo importante es no quedar afectado después, no sufrir, no estropear la relación con uno mismo; no lamentarse y sí saber consolarse bien. Es beneficioso desarrollar la confianza en uno mismo. Confianza que habrá que mantener aunque el resultado no sea el esperado y confianza en poder volver a comenzar de nuevo las veces que haga falta. Hay riesgos de no acertar y esto hay que asumirlo. El arrepentimiento es algo que parece ir ligado a las decisiones. Es muy común que uno lo haga si el resultado no es el apetecido. Salvo en el caso de que salga todo perfecto, en los otros casos uno se puede plantear qué hubiese pasado si la opción por la que se decidió hubiese sido otra. No podremos saberlo. Tal vez nunca lo sabremos. Al decidir hay que dejar todas las otras propuestas atrás y centrarse en la seleccionada. No podemos tenerlo todo, y elegir algo implica renunciar a todas las demás opciones. Lo conveniente a la hora de tomar decisiones, las importantes y nuevas sobre todo, es no tener prejuicios (aunque sí está bien tener en cuenta las experiencias similares anteriores), es tener una objetividad real, una imparcialidad de juicio preparada para cualquier situación y asunto que se presente, la máxima tranquilidad, y Amor Propio. Doble ración de esto último si es posible. Te dejo con tus reflexiones… Francisco de Sales Si desea recibir a diario las últimas publicaciones, suscríbase aquí: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php?page=59 Si le ha gustado este artículo ayúdeme a difundirlo compartiéndolo: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php?action=forum Aquí tiene todos los videos publicados en youtube: https://www.youtube.com/channel/UCUNE-EC7eiOQDJ2q_U4lqEQ/videos?disable_polymer=1 Web sobre poesía y prosa: www.franciscodesales.es
  19. CAPÍTULO 22 - PERDONAR SIN CONTRAPRESTACIONES - LO QUE NO ES APROPIADO - Este es el capítulo 22 de un total de 200 –que se irán publicando- que forman parte del libro RELACIONES DE PAREJA: TODO LO QUE NO NOS HAN ENSEÑADO Y CONVIENE SABER. A lo largo de la relación, casi inevitablemente, van a haber momentos de desencuentros, momentos de salirse de las casillas, o en los que la naturaleza serena y el cariño o el amor no van a estar equilibrados y en su mejor momento, en que se va a manifestar un ramalazo de temperamento descontrolado, uno se va a levantar con mal día o con el pie cambiado, o no se va a estar muy acertado con un comentario o con un acto… y es que a lo largo de una convivencia hay tiempo para todo. Hay cosas que van a causar un grave impacto en la otra parte, tanto que va a causar un conflicto, o cuanto menos un enfado, y va a requerir la necesidad de ofrecer disculpas y pedir perdón. Y, salvo que sea un caso de extrema gravedad, va a ser aceptado o perdonado, porque casi siempre se puede llegar a comprender al otro, y porque cuando existe amor, ese amor es capaz de sobreponerse a casi cualquiera de los contratiempos. Cuando se perdona fácilmente y se da por supuesto que “aquí no ha pasado nada”, se está cerrando la herida en falso. Porque sí ha pasado algo. Quizás no tan grave como se ha valorado, o tal vez más, pero sí hay algo que afecta a la relación, y mina, en alguna medida, la confianza y la convivencia. Esto es un poco ambiguo, porque no estoy haciendo referencia a un caso concreto ni puedo hacerlo, pero es mejor que cada uno lo aplique al caso que le afecte, ya que la importancia de cada caso sólo la puede valorar quien recibe la ofensa. Lo que para uno es grave en su escala de valores, para otros es tal nimiedad que ni siquiera es necesario tenerlo en cuenta. Perdonar sin más, como si no tuviera importancia lo que haya pasado, como si la ofensa fuera algo normal que no hay que tener en cuenta, no es lo adecuado. Tampoco me refiero a “perdonar pero no olvidar”, porque eso no es perdonar. Eso es un paripé para quedar bien, pero sin sinceridad. Eso es aplazar la venganza. Es provechoso, para evitar futuras repeticiones, hacerle ver al otro el punto de vista personal con respecto a lo sucedido, manifestar cuánto ha herido, cómo se ha sentido uno, y la importancia que realmente tiene o que se le da. Y sería interesante que el otro tuviera que “pagar” algo por ello, no como un castigo, sino como un desagravio simbólico. Buscar la fórmula o el modo para cada caso o cada pareja es un asunto a acordar entre ambos, y no se trata de poner una tasa fija de forma que el otro pueda llegar a interpretar, por ejemplo, que si llega un día borracho a casa tiene que fregar la cocina durante cinco días, pero con eso se disculpa todo y no afecta a nada más. Le puede llegar a parecer un precio barato, y puede emborracharse con mucha tranquilidad –casi con beneplácito- todas las semanas, cuando en realidad con ese acto lo que está consiguiendo es el enfado continuado de su pareja y el decaimiento de la relación. Creo que tampoco es adecuado que si él, o ella, cometen algo que se podría clasificar como un fallo gordo, o como uno ofensa para el otro, la reacción correspondiente sea la del enfado continuado, en un silencio sepulcral y violento, con crueles miradas agresivas o despectivas, sin una explicación que aclare lo que se siente y dejando que sea el otro quien adivine. Ese no es el modo adecuado porque se puede llegar a instaurar la costumbre de pasarse muchas horas distantes, permitiendo que esa distancia se convierta en habitual y crezca desaforadamente, y dando ocasión a que solidifiquen los pensamientos de no querer seguir en una relación así. Perdonar, que es condescender y olvidar, comprender y amar, es fomentar una correspondencia en que el otro se sienta en una especie de deuda moral simbólica, y por amor y justicia de equivalencia, y no por obligación, perdone, o sea: condescienda y olvide, comprenda y ame. Que cada pareja decida y valore cómo quiere hacerlo. Pero perdonar sin contraprestaciones… mejor no. Francisco de Sales (Si le interesa ver los capítulos anteriores, están publicados aquí: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php/board,89.0.html)
  20. OJALÁ NO PIERDAS TU VIDA “Con gran dolor sintió algo tan decepcionante como haber malgastado en la rutina de una noria los pasos que podría haber empleado en un viaje inolvidable.” (José Luís Alvite) En mi opinión, esta frase explica de una forma muy gráfica, y fácilmente comprensible, lo que podemos llegar a hacer con nuestra vida si no estamos atentos a ella, y si no nos marcamos unos propósitos que nos hemos de encargar de cumplir. Ver el video en este enlace: https://www.youtube.com/watch?v=-_l3hxxaHlQ Si le ha gustado este video ayúdeme a difundirlo compartiéndolo. Gracias. Encontrará artículos de Francisco de Sales en: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php?action...) Visite mi web: www.(Palabra Censurada, está prohibido el SPAM) Si desea recibir a diario las últimas publicaciones, suscríbase aquí: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php?page=59 Web con poesías y relatos: www.franciscodesales.es instagram: https://www.instagram.com/franciscode... Twitter: https://twitter.com/buscandomeweb1 Correo electrónico: [email protected] TODOS LOS VIDEOS PUBLICADOS ESTÁN AQUÍ: https://www.youtube.com/channel/UCUNE...
  21. CAPÍTULO 21 - PERDONAR MUY FÁCILMENTE - LO QUE NO ES APROPIADO - Este es el capítulo 21 de un total de 200 –que se irán publicando- que forman parte del libro RELACIONES DE PAREJA: TODO LO QUE NO NOS HAN ENSEÑADO Y CONVIENE SABER. Compruebo, en casi todos los casos de relaciones que han tenido un conflicto serio por culpa de él, que las mujeres, en muchas ocasiones -y sobre todo en los países donde impera el machismo- tienen tendencia a perdonar lo que sea fácilmente. Cada una sabrá qué justificaciones encuentra para perdonar con relativa facilidad, una y otra vez, sin que se vea en el otro una actitud de mejoramiento o cambio. Unas pensarán, por ejemplo, que “así son los hombres”, tal vez porque hayan oído esa explicación por parte de su madre o porque lo viera así en casa durante su infancia. Pero esta sería la excusa más pobre y más injustificada. El que la madre lo tolerara no es una razón suficiente para que una lo tenga que tolerar. “Todos los hombres son iguales y hacen las mismas cosas”, pueden decir otras. Y no es cierto. No todos son iguales, ni ese es un argumento para aceptar lo que en la escala de valores personal eso es inaceptable. “Todos tenemos nuestros defectos”. Puede ser… pero los “defectos” deben ser corregidos, y si el otro persiste en su “defecto”, y no hay cambios ni voluntad firme de eliminarlo, nada va a cambiar y el precio a pagar es tener una vida sentimental que no cumple las expectativas que una se propuso. Estoy a favor de la comprensión que lleva al perdón, por supuesto, pero sólo cuando éste sea el inicio de una etapa en la que no se vuelva a repetir lo perdonado. Creo conveniente dialogar con el otro y averiguar qué es lo que le llevó a hacer eso que ahora necesita ser resuelto. Y ver también si hay algún propósito de enmienda. Porque si al otro le parece bien o natural, y su plan es persistir en ello -ya que no le parece mal-, y no hay ninguna intención firme por su parte de cambiarlo o modificarlo, parece que no quedan otras opciones más que despedirle o acostumbrarse a ello y aceptarlo pero sin resentimiento. Cosa que va a ser muy difícil. Aunque cada caso es distinto. Lo que no es adecuado es aceptarlo pero protestar porque todo siga igual. En este caso es mejor no aceptarlo. En ocasiones, romper la relación no solo es la mejor solución sino que es la única. Si a una le ha dolido o molestado algo del otro, debe dejárselo muy claro, explicarle sus razonamientos y sentimientos, comunicarle rotundamente que no quiere que se repita, mostrar su enfado sin tapujos, sin mermarlo ni disimularlo, para que se dé cuenta de que realmente duele, y no perdonar inmediatamente restándole importancia –no hace falta ser “tan comprensiva” y “tan buena”-, ya que eso alentaría al otro a repetirlo a la vista de que volvería a ser fácilmente perdonado y no pasaría nada. “Te quiero, sí –eso hay que dejarlo claro, pero sin llegar al chantaje emocional de “sólo te quiero si cambias eso”-, te quiero pero no me gusta lo que ha sucedido y no estoy dispuesta a tolerarlo más veces. Te quiero, pero si persistes en esa actitud es muy posible que deje de quererte”. Y ahora no es un chantaje emocional, sino la constancia firme de algo que puede ser cierto. Francisco de Sales (Si le interesa ver los capítulos anteriores, están publicados aquí: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php/board,89.0.html)
  22. LOS CONFLICTOS MORALES En mi opinión, cuando se crea un conflicto en nuestro interior entre lo que son nuestros principios -nuestra ley moral o nuestra integridad- con otras cosas que se oponen a ellos, o que no los respetan, cuesta mantenerse firmemente fiel y las tentaciones de hacer lo que apetece en lugar de “lo correcto” cogen una fuerza, azuzada por el deseo, que es difícil de vencer. Es fácil definirse como una persona íntegra, recta e intachable, y es más o menos sencillo mantenerse así durante un porcentaje elevado de tiempo, pero… en cualquier momento puede aparecer una tentación en cualquiera de sus múltiples presentaciones: en forma de gula, o como ganas de tener sexo fuera de la pareja, o representando deseos inconfesables que gustaría realizar, o como un ansia de probar algo pecaminoso, o ganas de sacar una furia descontrolada contra alguien, etc. “Me apetece hacer esto”, dice el deseo provocando, “pero no está bien, y lo sabes”, responde la conciencia; “pero es lo que yo quiero”, insiste la tentación; “si lo haces después te arrepentirás”, replica la conciencia; “si no lo hago también me arrepentiré”, dice alguien desde dentro. Es muy posible que hayas asistido en más de una ocasión a una situación similar a esta. Es lo que tiene ser humano: que el deseo, el placer, la avaricia, la lujuria y otros materialismos ansiosos, sólo atienden a sus deseos –que son muy humanos por lo visto- y no entienden que esa naturaleza suya se vea frenada por una conciencia en la que prima más la moral que los placeres. También nos puede pasar que nos veamos en algunas situaciones en las que estemos involucrados y tendremos ganas de saltarnos nuestras propias leyes, porque el beneficio de saltarse las normas aparente ser más interesante que cumplirlas. Y en algún momento nos tienta mucho decir una mentira, negar una verdad, apoderarnos de algo que no es nuestro, presumir de lo que no tenemos, inventarnos una historia falsa… todas son una provocación a la moralidad. Y están los pecados y el placer de cometer algunos pecados. Y están los deseos muy vivos. Y lo prohibido. Los placeres están ahí y aportan satisfacciones inmediatas, aunque sean una satisfacciones efímeras, así que… ¿por qué no disfrutarlos?, ¿por qué decir no a algo a lo que apetece decir sí?, ¿por qué renunciar a los deleites de la vida? (que son placeres que ha creado Dios, según los más religiosos) ¿por qué priorizar la moralidad sobre el placer? Preguntas similares a estas se presentan en nuestra mente y asistimos desconcertados a los conflictos que provocan, a las defensas de cada una de las posturas, y observamos que damos la razón a una de las partes en un momento y, muy posiblemente, poco después nos pongamos a favor de la contraria y además con un buen argumento para defenderla. ¿Y qué se ha de hacer? Observar. Dejar que ambos opuestos expongan sus argumentos y preferiblemente sin ponerse a favor o en contra de ninguno de los lados, sino dejándoles que se expresen hasta que agoten sus argumentos. Es una buena forma de conocerse, de saber que uno también tiene una doble moral en algunos casos. ¿Y después? Decidir. Y esa es la parte más complicada. Es muy posible que el miedo a un posterior arrepentimiento por tomar una u otra decisión esté muy presente, y sin duda va a condicionar la respuesta. Y, por supuesto, es posible que cuando uno sea anciano se arrepienta de haber sido tan respetuoso con su ética personal porque eso le hizo perderse muchas cosas placenteras. O es posible que se sienta muy satisfecho y honorable por haber sido cumplidor consigo mismo. Cuando uno no tiene muy, muy, muy claras las cosas, es un riesgo decidirse por una u otra postura. Y no posicionarse también es un riesgo. Tomar decisiones es un riesgo. VIVIR es un riesgo. Asistiremos muchas veces a esas deliberaciones internas en las que uno parece que no participa activamente, sino que son una exposición de lo que tenemos desordenado en la mente o en el inconsciente, y será bueno que seamos cuidadosos a la hora de elegir. Los conflictos morales son habituales, pero no hay una norma aplicable a todos los casos y todas las personas. Así que eres tú quien tiene que decidir. ¿Las tentaciones son para vencerlas o para caer en ellas? Te dejo con tus reflexiones… Francisco de Sales Si desea recibir a diario las últimas publicaciones, suscríbase aquí: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php?page=59 Si le ha gustado este artículo ayúdeme a difundirlo compartiéndolo: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php?action=forum Aquí tiene todos los videos publicados en el canal de youtube: https://www.youtube.com/channel/UCUNE-EC7eiOQDJ2q_U4lqEQ/videos?disable_polymer=1 Web sobre poesía y prosa: www.franciscodesales.es
  23. CAPÍTULO 20 - REPRIMIR LOS SENTIMIENTOS - LO QUE DEBIERA SER INTOLERABLE - Este es el capítulo 20 de un total de 200 –que se irán publicando- que forman parte del libro RELACIONES DE PAREJA: TODO LO QUE NO NOS HAN ENSEÑADO Y CONVIENE SABER. Los Seres Humanos somos muy complejos. En cada uno de nosotros conviven, y en muchas ocasiones de un modo contradictorio, algo tan dispar como son los asuntos racionales y los sentimientos. Cada uno de ellos mantiene y defiende su postura, su forma de ver o sentir el amor y la relación, y cada uno de ellos trata de imponer su opinión como la más adecuada. El embrollo es ese: la disparidad en el punto de vista y de los intereses. No sé por qué se le da prioridad a la mente, como si ella, por eso de que puede manejar los pensamientos –que parecen ser el motor que nos mueve por la vida-, tuviera más capacidad para hacer las cosas bien, cuando en muchas ocasiones -una tras otra, muy a menudo-, demuestra su ineficacia en ciertas tareas. Lo adecuado sería encontrar un punto de equilibrio en el que ambos, mente y sentimientos, estuvieran de acuerdo, y que cada uno de ellos respetara lo que el otro aporte de útil o interesante. Los sentimientos, en asuntos afectivos, suelen tener prioridad ante la mente. Por supuesto que eso ha de ser dependiendo de cada persona y de la libertad que se les haya concedido para expresarse habitualmente, de cómo sepa uno manejarse con ellos, –porque eso hará que se interprete mejor su manifestación-, y, por supuesto, de que hayan demostrado algo de sensatez y sabiduría. Los buenos momentos de la vida, los que dejan huella y se recuerdan para siempre, están relacionados con emociones o con sentimientos; con momentos de agradables estremecimientos del alma, con instantes en que un terremoto le ha recorrido a uno de arriba abajo, o en que uno se estremece por un escalofrío de esos que producen la sensación de contacto con la divinidad o con un momento prodigioso, o lo que se siente al coger a un hijo recién nacido o un nieto en brazos, con ese cosquilleo que producen los besos del amado o los abrazos de un ser al que se lleva tiempo sin ver, con un orgasmo, con las palpitaciones del corazón cuando ama… en cambio, es extraño que un momento racional, intelectual, o mental -que no llevan sentimientos por ninguna parte-, provoque un recuerdo imborrable de esos que hacen que la vida adquiera un estado de grandeza. Los sentimientos forman parte indisoluble de uno, y reprimirlos es bloquear la manifestación de una parte importante y humana de sí mismo. Abogo por llenar la vida de sentimientos, por permitirse vivirlos siempre –cuando no se convierten en auto-agresivos, claro-, por sacarles todo el jugo y expresarlos. Siempre teniendo cuidado de no herir a los otros con ellos, pero también valorando que no sea uno mismo quien resulta afectado por no expresarlos. Manifestarlos siempre es bueno si se hace del modo adecuado. Tenemos que aceptar los sentimientos de los otros, y respetarlos –no obligatoriamente acatarlos-, y comprender que puedan vivir las cosas de un modo distinto en intensidad y actitud de como lo haríamos nosotros. Así que cuando el otro manifiesta lo que bulle en su interior, lo que le preocupa, lo que le emociona… es digno de todo el respeto. Se dice, de un modo que puede ser algo más que metafórico, que los sentimientos no expresados se convierten en un cáncer del alma. Callar, callarse, puede llegar a ser más grave que expresarse. Francisco de Sales (Si le interesa ver los capítulos anteriores, están publicados aquí: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php/board,89.0.html)
  24. CAPÍTULO 19 - NO RESOLVER LOS CONFLICTOS. - LO QUE NO ES APROPIADO - Este es el capítulo 19 de un total de 200 –que se irán publicando- que forman parte del libro RELACIONES DE PAREJA: TODO LO QUE NO NOS HAN ENSEÑADO Y CONVIENE SABER. Los conflictos van a ser inevitables a lo largo de la relación. Pocos o muchos, leves o graves, de solución simple o de arreglo complicado, van a aparecer. Y es conveniente no negarlos o no dejarlos desatendidos para ver si se diluyen solos o ver si se los lleva el olvido. Hay que afrontarlos. Afrontar es poner una cosa en frente de otra. No negarla. No mirarla de lado. No menospreciarla. No eludirla. Uno ha de ponerse frente a esa cosa, verla, reconocerla, analizarla, y comprenderla, desde una perspectiva objetiva, con una mente des-condicionada y cooperadora, sin negaciones ni autoengaño, sin menosprecio ni agravamiento. Tal como es. Mejor, sin temor a esa cosa. Sea lo que sea y sea como sea. Es. Existe. Está ahí y afecta, así que se convierte en un asunto que necesita atención para ser resuelto. Si el conflicto es sentimental puede ser interesante que cada uno de los miembros lo afronte en solitario –primero- para averiguar exactamente cuál es su situación y su postura reales con respecto a ello, para verlo con toda la neutralidad y naturalidad que le sea posible, y para conocerlo hurgando en los recovecos a los que tal vez no haya llegado antes. El siguiente paso se da poniendo toda la empatía en ello, para comprender al otro y sus circunstancias, comprenderle afectiva y mentalmente, ser capaz de ponerse en su piel y entender su estado de ánimo, sus pensamientos, sus dudas…esto elimina muchas discusiones innecesarias y desgastadoras. El tercer paso es reunirse con la otra parte, escuchar con atención plena y sin estar a la defensiva, siendo absolutamente receptivo, comprensivo, hospitalario, fraterno y amoroso. Después, expresar desde el corazón lo que se siente, lo que se está viviendo y cómo, las dudas y preguntas. Que el amor y la voluntad de solución presidan la reunión. Que no se inmiscuyan otros asuntos distintos. Que no se aproveche ese momento para sacar trapos sucios o rencores almacenados, salvo que sea necesario para explicar porqué se ha llegado al conflicto. Si no se expresan los conflictos se va produciendo un paulatino distanciamiento -que puede ser un retraimiento sentimental silencioso o puede manifestarse claramente con muestras de alejamiento o desprecio-, y el problema se convirtirá en destructivo; tan destructivo que puede que, a la larga, si se deja, sea de imposible solución. El paso del tiempo actúa en contra. Mientras antes se afronte, menos gravoso será y aún quedarán ganas vivas de resolverlo. Algunas personas cometen la torpeza de negar las contrariedades que surgen en la relación y no las resuelven; prefieren no hacerles caso o negarlas, porque aceptarlas es reconocer que la relación no va bien, así que tratan de olvidarlas, les restan importancia, las eluden… y así lo único que se consigue es intentar negar una realidad e inventar una mentira. Es bueno entender y aceptar que las contrariedades –personales y domésticas- van a aparecer en la relación. Incluso aunque se hagan todos los esfuerzos para que no sea así. Siempre encuentran un hueco abierto por el que colarse, porque en la convivencia se dan situaciones que son conflictivas, así que ambos tienen que estar predispuestos a tener que tolerar alguna cosa si es razonablemente tolerable. No hay que olvidar que las diferencias o los acontecimientos no son el conflicto, sino cómo se resuelven o no, y lo que se hace con ellas y cómo. Por eso es muy interesante saber solucionarlas y estar ambos predispuestos a hacerlo. Cada persona tiene, o debería tener, su propia escala de valores. Y ésta ha de ser propia y no impuesta. No es bueno permitir que sea otro quien diga qué es importante y qué no lo es para uno. Nadie debe hacer esto con el otro, y nadie debe permitir que se lo impongan. Cada uno tiene sus principios y, sean los que sean, tienen que ser respetados, y por eso hay que hacer que los otros los respeten, como un asunto de primordial importancia que se ha de defender sin desfallecimiento, ya que si uno no tiene principios y no tiene dignidad carece de la base imprescindible sobre la que asentar toda su personalidad. Si a lo largo de la convivencia surge algo que uno siente que es un conflicto, o que puede convertirse en conflicto, es interesante hablarlo y resolverlo antes de que se añada a los pequeños granitos de arena que van formando las grandes montañas. Conviene dialogarlo en un momento sereno y no de ofuscación o enfado ya que ninguno de los dos estados son buenos consejeros, y porque bajo su influencia no se afrontan los conflictos con asertividad e imparcialidad, sino que desde cualquiera de estos estados de irritación hay más posibilidades de acabar en una guerra que de resolverlos. Y no se trata de averiguar quién tiene más razón o más culpa, sino de encontrar uno solución adecuada. Y si los conflictos son domésticos, relacionados con los gastos e ingresos, con la casa y lo cotidiano, no hay que menospreciarlos ni eludirlos. En la vida no queda más remedio que ir resolviendo cuanto inconveniente se nos presenta. No hay otro remedio. Se trata de allanarse la vida quitando de en medio los estorbos. Son como piedras en el zapato: mientras antes se quiten mejor se camina. Y nadie viene a descalzarte el zapato para quitarte la piedra. Es un asunto tuyo. Con los conflictos, lo adecuado es resolverlos, con lo cual, lógicamente, desaparecerán. Francisco de Sales (Si le interesa ver los capítulos anteriores, están publicados aquí: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php/board,89.0.html)
  25. LA VERDAD NO ES LO IMPORTANTE En mi opinión, este título es una paradoja que cuesta trabajo aceptar. Hasta ahora la verdad era indiscutible, innegable, muy importante, realmente cierta, pero la verdad –sobre todo cuando ocurrió en el pasado- acaba deformándose y se dulcifica o se endurece en función de los recuerdos que nos van quedando y, sobre todo, de las interpretaciones que hayamos hecho de ellos. No coinciden siempre lo que es y lo que creemos ver, o lo que es y lo que interpretamos, o lo que queremos ver con lo que realmente vemos. La incapacidad de ser del todo objetivos, o los prejuicios, o la ignorancia, pueden darnos una visión incierta porque puede estar condicionada. Hay cosas que las juzgamos equivocadamente en el pasado, cuando sucedieron, o que las comprendimos mal, y las archivamos en el recuerdo con esa equivocación incorporada y ahora las vivimos y nos influencian con esa equivocación. No es tan importante la verdad como el sentimiento que tenemos asociado a esa verdad. Por todo lo anterior es por lo que interpretamos como más válido y cierto lo que nosotros creemos que la propia realidad. Si pedimos a varias personas que vivieron juntas la misma experiencia es muy posible que obtengamos versiones distintas porque cada uno la vivió a su manera y cada uno extrajo algo distinto. Casi siempre nos faltan la objetividad y la ecuanimidad para ver las cosas tal como son, aunque no sean de nuestro agrado, aunque duelan. Engañarse uno mismo conscientemente es un acto de cobardía. El auto-engaño es un parche inútil y no una solución. Aceptar la realidad requiere una honestidad intachable, un Amor Propio a prueba de bombas, unas ganas de honradez y una valentía que sean capaces de sobreponerse a cualquier situación adversa. La verdad es cierta, es innegable, y tratar de maquillarla no consigue cambiarla. Las falsedades que uno mismo se puede contar no soportan siempre la inspección de nuestra honorabilidad, que reclama que la dignidad personal pueda manifestarse libremente. Por encima de todo, mantengamos un principio de honradez que trate de quedar por encima de los auto-engaños. Tenemos que acostumbrarnos a aceptar las cosas tal como son y a llamarlas por su nombre. Es necesario el ejercicio continuo de hacer que prevalezca la verdad por encima de los intereses, y conviene esforzarse en estar libres de prejuicios al afrontar lo que hay y lo que pasa. No se puede cambiar lo que no se reconoce y acepta. Es el primer paso imprescindible: reconocer y aceptar la verdad que existe. Si no es de nuestro agrado -y además es posible hacerlo- entonces se puede cambiar por otra. Y si no se puede cambiar, habrá que aceptarla sin una oposición perjudicial e inútil. Es más propicio colaborar con lo inevitable no oponiéndose. Lo importante y lo cierto –y ahora desmiento el título- es la verdad, por encima de nuestros deseos, oposiciones, desagrados o rabietas personales. Hay que fortalecer la tolerancia a la frustración y saber aceptar que las cosas no son siempre como desearíamos y que el mundo y los Dioses no giran en torno a nuestros intereses. Vivir la vida es un continuo acto de humildad ante lo que es y lo que nos ofrece, y requiere de toda nuestra comprensión para no hacer de ella un conflicto, una discusión continua, una guerra inacabable. Lo que es, es. Te dejo con tus reflexiones… Francisco de Sales Si desea recibir a diario las últimas publicaciones, suscríbase aquí: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php?page=59 Si le ha gustado este artículo ayúdeme a difundirlo compartiéndolo: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php?action=forum Aquí tiene todos los videos publicados en youtube: https://www.youtube.com/channel/UCUNE-EC7eiOQDJ2q_U4lqEQ/videos?disable_polymer=1
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